MARTIN McDONAGH

 

 

4/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Somos olvido. Nacemos para ser olvido. Es uno de los temas a los que más doy vueltas estos últimos años. Y de eso va uno de los conflictos principales de la película. Resignarse a ser olvidados en unas décadas por todos o intentar trascender con nuestras obras. Aprovechar el tiempo que estamos aquí para ser buenos con los demás, con nuestra gente, darle a los demás lo mejor de nosotros para que sean felices, o pasarlo intentando lograr grandes metas, dar a todos grandes cosas que perduren. ¿Es más importante constar cuando estás aquí o intentar constar cuando ya no estamos? ¿Para qué sirve la trascendencia si ya no estamos? ¿Es absurda? ¿Importa que les sirva a otros que no nos conocen? ¿Importa más que les sirva nuestro ejemplo a los cercanos, aunque sea un legado más modesto? ¿Se puede conseguir todo?

Martin McDonagh es un director y guionista que me gusta. Desde “Siete Psicópatas” (2012) a su premiada “Tres Anuncios en las Afueras” (2017), es un tipo que me llamó la atención, sobre todo por su sentido del humor. También por “Escondidos en Brujas” (2012). Aquí apuesta por una especie de reflejo invertido de su anterior film en un tono sereno y metafórico, que en su aparente sencillez indaga en otros tonos artísticos.

Es un director que suele reflexionar sobre la pérdida. En este sentido podríamos ver esta película como un reflejo inverso de “Tres Anuncios en las Afueras”, donde una enemistad acaba en concordia.

McDonagh es un hombre de teatro poco convencional al que se notan sus influencias cinéfilas, ya sea Tarantino o los Coen como Harold Pinter en veredas teatrales. Crueldad, un poco de metafísica, mucho humor negro, amargura… Aquí se desmarca con una parábola sobre la gestación de las guerras civiles, centrándose en el conflicto irlandés retratando la vida cotidiana y tranquila en un pequeño pueblecito apartado de todo.

Es, además, la película más pictoricista de McDonagh, que nos deleita con bellas estampas rurales y naturales irlandesas, un costumbrismo muy particular de la zona, pero también con muchos elementos universales y reconocibles.

Esos oxigenados planos naturales, amplios, que transmiten libertad, se irán matizando hasta resultar asfixiantes.

 

 

McDonagh no tarda en plantear la anécdota sobre lo que todo girará. Se centrará en Pádraic (Colin Farrell), un ingenuo y simplón pueblerino, bien integrado en su comunidad, amable, bien recibido, que va a cumplir con la rutina que le hace la vida cómoda y agradable en su falta de ambiciones y pretensiones. Buscar a su amigo Colm (Brendan Gleeson) para ir al pub a las dos.

La presentación de los dos personajes marca ya el conflicto desde la puesta en escena. Si bien Pádraic llega por los parajes naturales, ligado a la libertad y la naturaleza, Colm, en contraste, aparece solo, encerrado e indiferente en su casa.

Una narración que se va ennegreciendo paulatinamente, donde desde el anecdótico conflicto vamos pasando a acciones cada vez más siniestras, a la violencia soterrada y a la muerte. Unas discusiones, unos dedos cortados, unas agresiones públicas, una burra muerta, una casa quemada, un inocente ahogado… Del costumbrismo sereno y divertido a un drama oscuro y metafórico.

 

 

Las particulares Guerras Civiles

McDonagh acierta, desde la sencillez de su historia y propuesta, elevando la película a conceptos más amplios, genéricos y universales, afianzando una aguda y profunda parábola que se hinca en las raíces y los mecanismos que trufan el horror y la locura de las guerras civiles, en este caso la irlandesa, pero extrapolable a cualquier lugar.

Desde el costumbrismo y la cotidianeidad, se irá desgajando una reflexión sobre la particular naturaleza, esta sí especialmente absurda, de las guerras civiles, donde a menudo los contendientes, los que mueren, no saben ni por qué luchan contra su hermano o su amigo, ni en qué bando les ha tocado formar…

Vidas mediocres que sólo se tienen las unas a las otras para no hundirse, en un entorno cerrado y viciado de tensiones y mezquindades latentes que, en buena medida, es uno de los motivos que explican ese tipo de conflictos civiles y su especial crueldad. Problemas pequeños que se convierten en grandes, en universos, para esas gentes, como lo es para Pádraic que no le hable un amigo. Siente la soledad, la perturbación de la ruptura de su rutina.

“Es aburrido, Siobhán”. “¿En qué lugar dejas de caerle bien al tonto del pueblo?”.

 

 

Ahí tenemos a la intelectual Siobhán (Kerry Condon), feliz cuando un viernes, ese día especial, su hermano la invita a tomar un jerez con él en el bar… plan que encima se frustrará.

Una decisión personal, individual, arbitraria, absurda, injusta si se quiere, comienza a condicionar y a enfermar a toda la comunidad, especialmente a los dos involucrados principales. Una simple anécdota que se irá enquistado, que hará metástasis hasta llegar a la violencia y la muerte.

“No creo que hayamos discutido”.

“Ya no me caes bien”. “¿El pub está cerrado?”.

Un conflicto donde el motivo inicial acaba importando poco y, con el tiempo, es fácil que se olvide, pero que sus consecuencias y el odio permanecerán por todos los rencores, frustraciones e iras que se van acumulando. Por eso el final de la película es tan pesimista y desolador, porque se sabe que no hay una vuelta atrás. Y así se manifiesta en las palabras finales.

Siendo un buen guión, se muestra algo reiterativo en ocasiones, del mismo modo que algo torpe al plantear la parábola con esas referencias a la guerra que se escucha a lo lejos para que el espectador pille la cosa… Especialmente esa primera ocasión en la que Pádraic va a dar un paseo, oye unas bombas y se pone a hablar solo, reflexivo, para explicarnos qué es aquello, aunque no sabe porqué pasa ni le importa mucho… No, aquí no ha habido excesivo curro… Un poco inocente en sus intenciones si se quiere, aunque eficaz.

 

 

Habrá varias miradas anhelantes a la otra isla, al horizonte. De Colm, de Pádraic, de Siobhán… Siempre lindando con el agua, en una orilla, casi siempre para hacer referencias a la guerra. Las orillas suelen simbolizar un nuevo comienzo, pero también un final. Es una zona limítrofe. Es el lugar que elige McDonagh para finalizar la película. Normalmente ese nuevo comienzo tiene una sugerencia positiva desde la metáfora, pero aquí es todo lo contrario…

 

 

Los acercamientos de Pádraic a Colm se repiten en demasiadas ocasiones. Esto acaba por lastrar un tanto el ritmo del film, pausado en general. Estos acercamientos, no siempre efectivos, en la mayoría de las ocasiones no suponen cambio alguno, con lo que la narración se hace morosa. El último, cuando él atisba cierta reacción en Colm, terminará en desastre cuando confiesa su maldad con el colega músico de éste…

 

 

Hay una guerra civil que se explicita para que la parábola no sea una interpretación arbitraria. Nuestro pequeño microcosmos parece aislado, ignorante de lo que ocurre allí y de porqué ocurre. Estamos en abril de 1923.

La Guerra Civil irlandesa comenzó en 1922 y enfrentó a los “Pro-Tratado”, que eran el gobierno provisional y que serían los vencedores, y los “Anti-Tratado” del IRA. Los “protratadistas” se beneficiaron de la ayuda del gobierno británico. El Tratado de la discordia, el anglo-irlandés, pretendía poner paz a la “Guerra de la Independencia irlandesa” que precedió a este conflicto (1919-1921) y que enfrentó a la República Irlandesa y al Reino Unido e Irlanda. El tratado proponía un estado irlandés autónomo, con ejército y policías propios, admitiendo además la entrada de Irlanda del Norte en el Reino Unido de nuevo si se querían salir del “nuevo estado” en un mes… cosa que quisieron.

Así, el Estado Libre de Irlanda, sería un dominio autónomo del Imperio Británico que tendría a su monarca como Jefe de Estado. Estas cositas, y la partición de Irlanda y que los británicos se quedaran con puertos estratégicos entre otras cosas, no gustaron mucho que digamos a los republicanos irlandeses… Y amigos que habían luchado unidos ahora se enfrentaban. Unos no querían cambios, otros lo vieron bien… Un jaleo bastante complejo… Como el de Pádraic y Colm.

Son varios personajes los que manifiestan su ajenidad ante lo que allí ocurre. Desde Pádraic hasta el sádico oficial Kearney.

 

 

Un conflicto civil, como todos los conflictos civiles, que tiene demasiadas raíces personales, ajustes de cuentas, rencores, que las hacen especialmente absurdas, trascender la excusa que lo motiva, que, al final, es lo de menos.

Colm está dispuesto a quedarse sin dedos y prescindir de lo que más le gusta, la música, eso que puso como excusa para comenzar el conflicto, con tal de salirse con la suya. Tan aparentemente ilógico como real. Una reacción extemporánea, absurda, que va en grados, primero la amenaza de hacerlo, luego cumpliéndola con un dedo, más tarde… Una guerra civil es un conflicto entre amigos, vecinos, entre hermanos, dispuestos a hacerse daño a sí mismos, una comunidad que se lesiona voluntariamente.

Es interesante, y también metafórico, que la amada burra de Pádraic muera por culpa de los dedos de Colm, precisamente…

 

 

Pádraic y Colm son polos opuestos. Pádraic es mundano, sin ambiciones, acepta la vida como viene y no le pide mucho. Es bueno y amable, lo que busca es conservar sus rutinas, lo conseguido, y ver pasar la vida sin conflictos ni trastornos una vez tiene más que asumido que eso es la felicidad… para él y para todos. Pádraic no entiende la insatisfacción de los demás, de Colm o su hermana, porque él está bien, es modesto en sus ambiciones. No comprende que otros puedan sentirse mal. Y menos aún, lógicamente, que lo rechacen a él por eso. Es tan entrañable como cortico.

Un buen tipo. Pero la bondad aburre… Ese es su pecado. Pádraic es una especie de San Francisco de Asís, ligado siempre a los animales (fantásticos esos planos donde los animales lo observan preocupados ante sus meditaciones, con caballos asomados a la ventana y “Jenny” dentro muerta), y entroncado con la cultura cristiana y católica. Veremos cómo su proceder va variando con los acontecimientos… Su retrato se va haciendo más oscuro y se va desvirtuando desde la puesta en escena. Son constantes los planos donde aparece tras cristales, a veces turbios, otras sucios, lluviosos o empañados.

Es encantador y patético ver a Pádraic emocionado por el rechazo de su amigo.

 

 

McDonagh también utiliza la desvirtuación de la personalidad desde elementos visuales con Siobhán, a la que vemos reflejada en un espejo roto.

 

 

Es más bien tímido, inseguro, pero con unas copas adquiere valor y decisión, de las que se arrepiente por la mañana, si bien en realidad le dotan de una personalidad más atractiva, simplemente. Con todo, hay ciertos detalles que avisan de que Pádraic es capaz de ciertas maldades y ocurrencias retorcidas, como cuando descubre la hipocresía de su hermana ante la señora McCormick.

Pasará por distintas fases. De incomprensión, reflexión, asimilación, resignación, ira… Su cambio completo llegará tras la muerte de su burra, Jenny. Lo veremos, una vez velada y enterrada, ante un espejo sucio… que romperá… rompiendo a su vez con el anterior Pádraic.

 

 

Es un gran detalle cómo se muestran esas últimas acciones tras el cambio de Pádraic. Cumplirá la amenaza que lanza a Colm. Irá a quemar su casa sin mirar si está dentro, pero al sonar las campanas que marcan las 2 de la tarde, hora a la que quedaban para ir al pub, mirará para comprobar si lo está… En ello hay un toque de esperanza, quiero pensar.

Pádraic recurrirá a la mentira y la manipulación para lograr que su amigo cambie de postura. Incluso a la impostura. Fingirá ser un malote, manipulará a un colega de Colm para alejarlo de él con mentiras un tanto escabrosas… Si en un principio vemos que le cuesta mentir, incluso a su hermana, con una tontería, luego lo hará, torpemente, pero con eficacia.

Su maldad, real, es ingenua e inocente, tremendamente torpe, confesando sus fechorías con cierta presunción a Dominic y luego con alivio al propio Colm. Una doblez en Pádraic casi absurda. El impostado Pádraic, el amable Pádraic…

“Fue… es difícil mentir… fue… un dedo”.

 

 

Pádraic irá perdiendo todo en esa pequeña existencia que le complacía. La amistad, su ingenuidad, sus animales, a su hermana… la paz…

Colm, ColmSorryLarry, es pretencioso. Un tipo con ínfulas y ambiciones, quiere algo más, no le vale con esas rutinas, quiere trascender, aprovechar el tiempo que le quede para dejar algo que conste, que engañe al tiempo. Es el alma de la fiesta en el pub, incluso hace que las mujeres acudan a escuchar su música, como novedad, cantando a su son. Es bastante artístico. En su casa vemos muñecos, títeres, máscaras…

Colm siente la insatisfacción de la ambición, en el sentido que sea, y reacciona de la manera que la sale intentando ser lo más sincero posible.

Este debate también se puede universalizar. La resignación, el conformismo, la consciencia de la propia mediocridad, disfrutar de lo cotidiano… enfrentado a la ambición, el complejo, aspirar a trascender, el postureo, la sobrevaloración propia o buscar tus límites… Y amabilidad contra trascendencia. Un buen debate.

En este sentido es fantástica la escena donde un borracho Pádraic rompe su habitual discreción. Así es como a él le afecta el alcohol. Se encara con Colm para cantarle las cuarenta en el bar. Un gesto que hará titubear a Colm. El remate, con Siobhán corrigiendo la pedantería impostada de Colm sobre el siglo de Mozart, es genial.

“Todo iba bien hasta que se cortó todos los dedos”.

 

 

Y es que Colm lanza mensajes confusos a su amigo, que no logra comprender esa radicalidad repentina en el que fue su íntimo. Le ayudará tras ser golpeado por Peadar; le protegerá; reconocerá que vuelve a caerle bien tras una discusión en el pub… aceptará que lo espere en el bar… antes de cortar los 4 dedos que le faltan…

 

 

Si bien Pádraic es una especie de San Francisco de Asís, como he comentado, los dos amigos están ligados a un animal especialmente. Pádraic a su burra y Colm a su perro. Habrá un momento donde veremos a los dos animales juntos, cuando el acercamiento de los dos amigos parezca posible, antes de la discusión en el pub sobre música, trascender o ser amable…

Colm querrá crear y tocar, Pádraic se regodeará en su tristeza.

 

 

La primera conversación entre Pádraic y Colm está muy bien rodada. Es en el exterior del bar, con planos y contraplanos que incluyen a ambos en un principio, para dejar de hacerlo al final, con la sentencia.

 

 

Hay otra conversación con un estilo clásico muy sobrio y expresivo. Es cuando Pádraic finge ser un malote y acomete un nuevo acercamiento hacia Colm, que parece dar cierto resultado… hasta que confiesa lo que hizo con Declan (Aaron Monaghan), un músico amigo de Colm, al que mintió diciendo que su padre estaba agonizante por un atropello de furgoneta… De los planos más generales pasaremos a los cortos, pero siempre individualizando a ambos, cada uno por su lado, de manera que se expresa ese acercamiento interrumpido, donde cada uno se mantendrá en su lado… En su postura.

 

 

Se retratan las fuerzas vivas de esa comunidad, de casi todas. Tenemos a la ley, con ese policía corrupto y sádico. Prepotente, tiránico, todo lo contrario que Pádraic, al que parece despreciar. Ni lo contesta cuando nuestro protagonista lo saluda. El autoritarismo indiferente y opresor en estos conflictos.

 

 

La intelectual, que es la hermana de Pádraic. Ella mediará en el conflicto, pondrá luz y desnudará el absurdo de sus comportamientos, especialmente el de Colm. Y huirá de allí. Ella es la conciencia y la consciencia. Su felicidad por ir a tomar un jerez con su hermano cuando éste la invita retrata esas vidas con pocos alicientes que, a menudo, siguen adelante por inercia.

“¡Todos vosotros sois jodidamente aburridos! ¡Con vuestras absurdas quejas por nada!”.

 

 

Se sentirá identificada con ciertos aspectos de lo que le ocurre a Colm. Se irá sin tener en cuenta cómo deja a su hermano, mirando por sí misma. Una decisión que alguno puede considerar egoísta y otro valiente. Desde el punto de vista metafórico, la huida de la intelectualidad o el sentido común en ese asfixiante entorno es, sencillamente, lo lógico, lo que ocurre. Invitará a su hermano a salir de allí, a escapar con ella de esa espiral sin un futuro deseable. Es un retrato perfecto tanto desde lo particular como desde la abstracción, con esa mujer que llora por las noches en su cama su insatisfacción e incomprensión en aquel lugar, y que ve una salida como bibliotecaria para hacer algo que la llene.

“A veces me preocupa que esto sea sólo un entretenimiento mientras pospongo lo inevitable”.

 

 

La religión, con ese cura censurador. El referente espiritual que censura y cuestiona morales que han dejado de tener sentido.

 

 

El inocente, magníficamente interpretado por Barry Keoghan. Un peculiar muchacho que está en contra de las guerras, por supuesto, y el jabón. Es morboso y sin filtros, un poco corto, o no tanto, pero es ciertamente avispado. Tiene las mismas ilusiones que todos, pero finge frivolidad para no exponer el dolor que supone saber que no lo logrará… Como la inocencia e ingenuidad que simboliza este personaje, quedará decepcionado cuando Pádraic le cuente sus maldades… La inocencia en un conflicto es lo primero que muere.

 

 

Dominic es de gustos y preferencias primarias. Le gusta hablar de genitales, de sexo. Su velada con Siobhán y Pádraic sigue esa tendencia. Una velada bajo la lluvia, que vaticina su mal futuro. Ligado al agua. McDonagh usa bastante la frontalidad en esta escena.

 

 

Mirando a un horizonte acuoso con Siobhán, se declarará a ella para recibir una negativa, supongo que algo esperada… Otra decepción. A la inocencia le falla la familia, la amistad y el amor…

Es lo que termina provocando los conflictos, cuando se rechaza la amabilidad (Pádraic) y la inocencia (Dominic) surge la violencia que echa al sentido común (Siobhán) por la borda.

 

 

La señora McCormick es un personaje alegórico, vinculado a la muerte. La veremos vaticinándolas al encontrarse con Pádraic en un camino, señalando el cadáver de Dominic o como amenaza latente y desenfocada en la marcha de Siobhán ante la mirada de Pádraic…Una de esas almas en pena.

 

 

También están los parroquianos que no hacen nada o se posicionan hipócritamente, la tendera cotilla, el camarero…

El pub es el centro neurálgico de esa pequeña sociedad, como de tantas… Especialmente de la sociedad masculina, claro. Una pequeña comunidad que subsiste gracias al cotilleo, el chismorreo, como vemos con la tendera entrometida o los compadres en el pub. Una comunidad donde hay mucha mala leche en esas convivencias y obligaciones sociales, ya muy deterioradas por el uso. La agresión del policía, los malos modos de Colm, Pádraic descubriendo a su hermana ante la señora McCormick… Uno de los fundamentos y peculiaridades que hacen de los conflictos civiles algo especialmente cruel.

 

 

 

 

La religión. Estampas religiosas van apareciendo desde las primeras escenas. Destaca esa virgen que divide un camino y que presidirá distintas escenas. Una de las más significativas la tenemos cuando el oficial Kearney agrede en público a Pádraic tras ser humillado por la contestación de éste en la tienda de la cotilla. En ese momento, Colm acudirá en su ayuda, al que fuera su amigo (Pádraic respetará su silencio en justa correspondencia), pero lo dejará ante la imagen de la virgen, donde se separan los caminos, en una simbólica imagen. Recordad que otro conflicto irlandés tiene un origen religioso. Católicos contra protestantes.

Un Cristo en la cabecera de la cama de Pádraic y Siobhán. Una cruz para la tumba la burra…

El domingo es otro día especial, el del Señor, donde todos acuden a la iglesia, que además es un lugar de reunión social. Las hilarantes confesiones y la obligación social que también supone están bien mostradas.

 

 

Y el absurdo motivo que hace prender una chispa que acaba con toda inocencia y que del cariño se pase al rencor, fundamento principal de las guerras civiles. Imágenes como la de Colm tocando el violín mientras sangra por el dedo que se ha cercenado, muestran un desquiciamiento casi surrealista. Un absurdo creciente, como cuando lo vemos de nuevo en el bar, en la mesa, violín sin mano, porque ya no la tiene… Una espiral creciente en lo violento y el absurdo.

Uno de los aspectos que más me gustan del cine de McDonagh es su humor, como ya dije. Un humor que toca todos los palos. Cínico, tierno, costumbrista, negro, irónico, salvaje… Los diálogos de la película son uno de sus puntos fuertes. Un humor que se va desvaneciendo como las esperanzas de todos los personajes que se quedan en esa isla.

 

 

 

Es francamente hilarante la conversación entre Pádraic y Dominic en la noche sobre un muro sobre hermanas y padres desnudos, con ese inserto sobre Dominic al hablar del pene de su padre. Hilarante, negra y demoledora en su sutileza, ya que sabremos que el policía, padre de Dominic, abusa de él.

Muy divertido es ese momento donde Pádraic desnuda la hipocresía de su hermana ante la señora McCormick, primer detalle “maligno” del protagonista.

Un momento que me despertó la carcajada fue en la escena donde un borracho Pádraic se encara con Peadar Kearney (Gary Lydon) y Colm en el bar. Al mencionar los abusos del oficial a su hijo, Dominic, el hijo, se disculpará con su padre alegando que de los abusos él no dijo nada. Humor tan negro como eficaz.

 

 

Es muy simpática la reacción del perro llevándose las tijeras que usó Colm para cortarse el primer dedo, en previsión de lo que se venía… Y me hizo gracia la mención a España y su gente alegre.

McDonagh plantea muy bien de inicio la película, con esa extrañeza en Pádraic ante el comportamiento de Colm. Una extrañeza que se extiende a todos, en ese asfixiante microcosmos acostumbrado a sus rutinas sociales, donde ellos dos siempre iban juntos… Para ello se sirve también de un acertado humor, muy rural, cotidiano y campechano.

 

 

Más allá del tema de la parábola que contiene la película, hay que destacar otro aspecto de la trama en sí misma. Se ha tratado en multitud de ocasiones la dificultad de las relaciones amorosas, la dificultad de que dos personas vayan al mismo tiempo, que no varíen sus intereses… o que lo hagan… y cómo esto afecta a su relación, pero no se ha hecho tanto con la amistad, con dos amigos y de forma tan sencilla y desnuda, tan transparente. Colm tiene unos intereses distintos a los de Pádraic por los que decide apostar, intereses que su amigo no sacia ni comprende… y en un momento dado Colm decide dedicarse a ello, cambia su interés… Ya no le interesa Pádraic, ya no van en la misma dirección ni al mismo ritmo. Una ruptura.

Es cierto que suelen darse más las rupturas románticas que las de los amigos…

 

 

El planteamiento estético mencionado, amplios planos naturales, son de obvia influencia romántica que adelanta la fatalidad. El uso de tonos cálidos ligados a la familia de Pádraic, con Siobhán especialmente, también es significativo, y resalta la autenticidad de esos personajes. En la siniestra señora McCormick (Sheila Flitton) también los vemos. Rojos, naranjas… Pero observad lo que ocurre con Pádraic mediada la película. Sus jerseys ya no son de tonos cálidos, sino azules, más cercanos a los de Colm, cuando la frialdad vaya haciendo mella en él.

La película se dedica a la memoria de Jon Gregory. Era el montador habitual de McDonagh.

 

 

 

 

“Almas en Pena de Inisherin” es una película notable, con ciertas debilidades que no molestan en demasía, que si se capta la parábola que pretende se disfruta el doble, pero que tiene suficientes ingredientes en su minimalismo para satisfacer.

 

 

 

Leave a reply