ALMAS DE METAL (1973) -Parte 1/2-

ALMAS DE METAL (1973) -Parte 1/2-

MICHAEL CRICHTON

 

 

 

3/5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otra de esas gratificantes satisfacciones que te da el cine, especialmente el clásico, pero también en épocas más recientes, como es el caso, donde encuentras un título absolutamente sorprendente, que se convertirá en referencial, aunque no sea ninguna joya, y donde ves el antecedente de grandes clásicos posteriores.

Descubrí “Almas de metal” por accidente hace tiempo, curioseando distraídamente por los canales de la televisión, quedándome enganchado en el acto, perplejo al ver el esbozo de ideas que años después crearían clásicos como “Terminator” (James Cameron, 1984), por ejemplo.

Ahora se ha puesto de moda, no la película, sino el relato, porque Jonathan Nolan y J. J. Abrams (entre otros) han creado la serie “Westworld”, que está dando que hablar, recogiendo esta película creada, escrita y dirigida por Michael Crichton en 1973, autor de la novela en la que se basa también, que lamentablemente la mayoría de fans de la serie desconocerán.

 

 

Es curioso además cómo la idea de este peculiar parque temático nos remite también a otras obras futuras del escritor y director, como “Parque Jurásico” y “El Mundo Perdido”, que publicó en 1990 y 1995 respectivamente, adaptadas por Steven Spielberg con inusitado éxito. Se ve que a Crichton le gustaba eso de los parques temáticos híper modernos que recrean pasados y se vuelven en contra de organizadores, expedicionarios y protagonistas. Es su debut como director, si omitimos el telefilm “Pursuit” (1972).

Unos cuantos afortunados van a disfrutar de un particular parque temático que recrea a la perfección, en tres zonas, épocas del pasado: El lejano oeste, la antigua Roma Imperial y la Europa medieval, viviendo tal y como lo hacían en esas épocas y experimentando aventuras individualizadas junto a los robots que sirven de figurantes… hasta que algo empieza a fallar.

 

 

 

 

Con una estética futurista muy de los 60-70, la película echa el resto en la recreación de las tres épocas en cuestión, especialmente la del viejo oeste, que es en la que pasaremos más tiempo. Seguramente, con más presupuesto, podría haberse expandido el universo y mostrado más las otras dos épocas, que también tienen su presencia. Los protagonistas deben equiparse con los atuendos adecuados a la época, así como armarse con los artilugios útiles y desprenderse de todo anacronismo funcional, fundirse en otra época, olvidar la civilización que conocen, en suma.

 

 

Había imaginativos planteamientos (también grandes películas y clásicos), en la ciencia ficción de los 60 y 70, a los que no siempre se sacaba buen partido ni desarrollo. Esta película tuvo una secuela, “Mundo futuro” (Richard T. Heffron, 1976), con aparición testimonial de Yul Brynner.

La idea de lo artificial está de plena actualidad. Lo virtual, que se pretende cada vez más real, como evasión, renunciando, paradójicamente, a la realidad. Vivir una realidad, pero sin sus peligros o aspectos negativos, la realidad desde la seguridad o la ficción de seguridad. Esa es la aventura que los protagonistas planean vivir, una simulación del oeste, de la antigua Roma o la Edad Media. El primer plano de la película, el reflejo en un cristal de unas gafas, una mirada distorsionada, marca esta tesis.

 

 

Nos centraremos en dos personajes que se hacen amigos en el trayecto al parque. El veterano experimentado, John Blane (James Brolin), que ya estuvo allí en otra ocasión, y el novato, Peter Martin (Richard Benjamin), que experimentará todo por primera vez. El segundo, desde su inocencia e ilusionado rostro, será el principal protagonista. Ellos dos han apostado por la zona del lejano oeste, una perfecta reproducción de 1880 llena de pioneros, diligencias, caballos, salones, prostitutas, pistoleros y violencia sin ley… Veremos, más tangencialmente, los placeres de la aventura medieval y la relajada moralidad romana. Estas dos zonas serán como intervalos o intermedios, pausas, en la historia central en el oeste… que luego visitará los otros lugares.

 

 

Mil dólares diarios. Peter es un divorciado con hijos engañado por su esposa.

Así, las otras dos zonas no tienen peso ni importancia, más allá de un forzado recurso para ir marcando el suspense y la extrañeza. Sus episódicas apariciones y tramas secundarias no tienen sentido narrativo más allá de que nos resulten familiares cuando el protagonista pase por allí en su huida, creando algún elemento de tensión. Reiteran ideas.

La infidelidad de la reina y el conflicto con el caballero negro violento y celoso en el Medievo, que debería convertir al turista en héroe (que vive una aventura increíble, convertido en héroe y don Juan que conquista reinas y cortesanas, como la tal Dafne), así como los constantes avisos y comentarios en la central sobre errores y defectos, van generando la necesaria tensión. El mundo romano es meramente testimonial.

 

 

Crichton recalca la idea de control y seguridad, muchas veces ligado a la de lo artificial, para terminar definiendo la tesis de lo absurdo de tal propósito. A tal objetivo tenemos las escenas en los laboratorios y la sala de control, repleta de monitores que lo vigilan todo, como si fuera un “Gran Hermano”, un “Show de Truman” (Peter Weir, 1998) asumido y consciente de circuito cerrado. Rostros invisibles, fríos, que vigilan.

 

 

 

Y ese control y seguridad se unen a la idea de comodidad. Es el contraste de épocas, retratado por la mano del protagonista. La verosimilitud y el realismo del lugar, que es tal como era, sin las comodidades actuales, despierta las quejas de Peter, que lo quiere más cómodo. Reiterará estas quejas varias veces, hasta que tenga sexo, peleas y borracheras… su lado más animal. Su compañero, John, está tranquilo ante la provocación y enfrentamiento, ya que sabe que las armas sólo funcionan contra máquinas (esto está cogido por los pelos, ya que teniendo esto en cuenta no hay necesidad de armar con munición real a dichas máquinas, es un riesgo absurdo). El pistolero negro provocará el duelo, del que Peter saldrá victorioso, para que le suba la adrenalina hasta las orejas. Tanto es así, que posteriormente preferirá participar en la refriega del atraco al banco que pasar una placentera noche con una prostituta, pero John pondrá cordura.

 

 

Esto es mejor”.

La escena de sexo es tremendamente inquietante. Sexo frío con disparos como banda sonora. El momento en el que la prostituta robótica abre los ojos, casi inertes, en el orgasmo de él es escalofriante.

 

 

Peter es timorato. La primera aparición del pistolero negro (Yul Brynner), es impactante. Su función, aparte de presentar al terrible villano, es explicar más del funcionamiento interno del parque y sus diversiones, así como definir el carácter del protagonista y su evolución, meter el gusanillo de la acción en el cuerpo.

 

 

 

Tras la primera noche veremos la primera intervención o aparición de la modernidad en ese mundo antiguo (más allá de los robots participantes, evidentemente), cuando un grupo de hombres recoja la multitud de cadáveres que dejaron en las calles la trifulca y robo nocturno al banco, caballo incluido, que no puede disimular ser un muñeco tieso… Puro cartón piedra. Poco a poco empezaremos a ver rostros en la central. Esto nos introducirá en la mitología interna del relato, con el funcionamiento del parque en su interior, la reparación de los robots, su revisión, almacenaje, haciéndolos revivir. Se hará sin apenas palabras. Aquí se pondrá otro cebo para generar tensión: el aviso del aumento de las averías importantes en los robots desde seis semanas antes. Ya hubo una alerta en la central a la llegada de los protagonistas, como cebo a este eco.

 

 

Los científicos equipararán el problema de descontrol con las máquinas a una enfermedad infecciosa; luego se mostrarán perplejos y en parte ignorantes, sobrepasados, con respecto al comportamiento independiente y arbitrario de las máquinas; finalmente temerosos de no poder garantizar la seguridad de los visitantes… El obsesivo pistolero, una chica que se resiste a la seducción en el Medievo, el caballero negro luchando a muerte, una serpiente que ataca a los visitantes… Son elementos inquietantes que se van sumando.

La fase de planteamiento es esquemática y muy evidente, simple. Explicaciones de determinados aspectos que ya debían tener claros los personajes, pero que se mencionan para el espectador. Las manos de los robots, por ejemplo, son su signo diferencial, poco perfeccionadas, la única manera de distinguirlos. Una mano lisa que en las dobleces tiene rugosidades y anillos de carne.

 

 

Lo retro, muy actual.

Lo retro está de moda, aunque esta película se anticipó a todo esto. La película tiene una concepción muy actual en ese nostálgico anhelo de revivir el pasado. Quizá esa es la idea que ha propiciado la gestación y éxito de la serie de Abrams y Nolan. Un anhelo y una curiosidad que siempre han existido, pero que ahora se han maximizado, explotado y, por supuesto, comercializado. Una gran moda.

No me refiero con esto a la típica recreación histórica de una adaptación ambientada en el pasado, sino de viajes al pasado estrictamente, confrontando el futuro o el presente con ese periodo pretérito (léase Midnight in Paris, Regreso al futuro… una tendencia muy actual también en el cine). Aquí se trae el pasado al futuro, en una vuelta de tuerca, recreándolo de forma veraz, hasta que se rebela contra la nueva época que lo contiene.

El pasado como diversión.

 

 

 

 

sambo

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